viernes, 29 de marzo de 2013

EL COMBATE FINAL, OTRA EXPERIENCIA



EL COMBATE FINAL, OTRA EXPERIENCIA


 El combate final fue durísimo y hubiese continuado muchísimo mas, no se acaba, y no hay forma de ganarlo humanamente. Por mas que hayamos avanzado, al final, somos y seremos derrotados, vencidos, no ganaremos, La Cruz Es para todos.

 Al final, morimos extenuados, consumidos, agotados, destrozados y deshechos en el esfuerzo y sacrificio de la perseverancia final. El último espíritu, aunque nos esforcemos todo el día o días enteros incluso, no lo podemos vencer, derrotar.

 Simplemente tenemos que perseverar hasta el fin, y una vez que rendidos, extenuados, agotados, consumidos y deshechos caemos, habiendo pasado un tiempo, Viene El Señor, Pasa, interviene.

 Ahí Revela la Verdad a la que no hemos podido llegar ni aun sacrificarnos hasta destrozarnos en el combate y en la perseverancia. Todas las batallas anteriores las hemos ganado, pero, la última, la perdemos necesariamente.

 Notar que hemos llegado a convertirnos incluso en nuestro enemigo de tanto combatirlo, nos hemos quedado como demonios, llegamos a ser totalmente desamorados, incapaces de amar, y sin voluntad siquiera de hacerlo.

 En medio de tal conmoción, no podemos ver, entender y el duelo final es brutal, todo es confuso y no hay Verdad alguna, no hay consuelo, salvación, solo vacío y desolación, una absoluta ausencia de Dios y una tentación terrible de odiar por cualquier motivo y a cualquiera.

 Si El Señor no interviene, no se salva nadie, no importa el esfuerzo que hagamos. Al final debemos rendirnos, y después de haberlo intentando, por supuesto, luego interviene o Pasa El Señor.

 La Revelación final del Señor, es el perdón que debemos dar, el perdón al traidor.

 Siempre el traidor es el menos esperado, nunca mas oportunas las palabras del dictador traicionado, ‘¡Brutus, ¿Tú también hijo mío?!’, y siempre es cercano, es doloroso y escomo se dice vulgarmente, ‘un golpe al hígado’.

 La traición nos transfigura en demonios, descontrola, enfurece, y hace saltar todo el odio que esta oculto adentro, y es puerta abierta para que seamos poseídos por satanás, de manera que aun ni queriendo podemos frenar la tentación del odio y el combate se vuelve durísimo, y al final, no podemos combatir al enemigo que se presenta afuera, porque lo tenemos adentro.

 Tenemos que perseverar y esforzarnos, pero, es difícil y agotador, el final es caer rendido y extenuado, acabar el esfuerzo cuando realmente no podemos mas y ahí esperar El Paso Libertador del Señor.

 Debemos querer perdonar eso Que Revela El Señor, y ahí pasamos a ser verdaderamente libres, recomponer relaciones deshechas en el camino, en lo posible, y seguir adelante, porque hemos sido limpiados, purificados y liberados.

 Considerar que el peor traidor lo tenemos adentro, es el miedo, el amor propio, el orgullo, el deseo de adoración, nuestro, ‘yo’. Éste debe morir en el esfuerzo de no ceder a la tentación del odio por un lado, y al final, admitiendo que, por mas que hagamos, por mas que nos esforcemos, no podemos salvarnos, ni volver a la vida, sino que debemos rendirnos y esperar al Salvador Que Viene.


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