viernes, 31 de mayo de 2013

7.4. COMO TRATAMOS A DIOS SOMOS TRATADOS



7.4. COMO TRATAMOS A DIOS SOMOS TRATADOS

 Dios Creó por medio de Su Palabra, al decir Dios, las cosas que no existían pasaban a existir, lo mismo con las criaturas, Su Palabra no es inútil, inerte, inerme, Su Palabra tiene la capacidad de Crear.

 Después Im Personam Vino al mundo La Palabra de Dios, El Verbo Se Hizo Carne sin dejar de Ser Dios, y fue para dirigir esa misma Palabra Omnipotente, Creadora, a la humanidad, sin embargo, la humanidad perdida en tinieblas, absorta en sus inútiles preocupaciones, dedicada a la vida en el mundo, no solo no lo recibió, sino que lo odió, rechazó, persiguió, Crucificó, echando a Dios de Su Creación, no sabiendo lo que hacía en el sentido de que no veían que ponían la creación en garras del adversario.

 Aquellos que lo recibieron, que recibieron Su Palabra Creadora, comenzaron una vida nueva, pues salieron del abismo en el que se hallaban postrados, encerrados, salieron de sí mismos para poder apoyarse en El Señor y aprender a caminar sobre la faz de la tierra y dejar de reptar como serpientes.

 Los que no lo recibieron, quedaron encerrados en sí mismos, confirmados en su orgullo-miedo-amor propio, atrapados en su egoísmo, perdidos en esas tinieblas de confusión y desamor que ya eran, y que manifestaron querer seguir siendo al elegir no amar.

 Es lógico que haya consecuencias respecto del Paso de la Palabra de Dios, porque es la que tiene la capacidad o aptitud para Crear, de manera que, si la recibimos, puede El Señor continuar Su Obra en nosotros, acabarla, consumarla, reunirnos con Él, porque así es como puede darnos lo que quiere, y lo que quiere darnos Es Vida, Vida Eterna, Espiritual, Mística, Verdadera.

 Son pasos progresivos donde de a poco El señor se va dando a sí mismo para entrar y obrar en el alma, pero, si no lo recibimos, si lo rechazamos o ignoramos, quedamos irremediablemente encerrados en nosotros mismos, aislados, encapsulados, y revoloteando en derredor suyo quizás, pero, sin tener una vida común, sin poder pasar a ser Uno.

 Notar lo que ocurrió al pueblo elegido anteriormente, el del antiguo testamento, al rechazar la Palabra de Dios, quedó sumido en tinieblas, lleno de orgullo y buscando caprichosamente la satisfacción de su ambición que ha concretado en estos tiempos donde por medio de bancos y entidades financieras se hace con el control mundial, instaura el nuevo orden mundial y consigue la venganza o satisfacción de su ambición, aquella que no renunció y por la que renunció al Mesías.

 Con el pueblo elegido con posteridad, ocurrió lo mismo, vino El Señor, se dirigió Im Personam, Reveló Su Palabra Creadora, pero no fue recibido, no fue escuchado, y mucho menos obedecido, de manera que solo hubo tinieblas, vacío y desolación, orgullo y amor propio, su mismo pueblo lo ha rechazado-repudiado quedando aislado, encerrado en sí mismo, sin Dios.

 Así es que las consecuencias de rechazar a Dios, Su Palabra, revelación, no son castigos de una venganza divina, de un orgullo malherido, son las consecuencias de no querer al Creador, de querer encerrarse-hundirse en sí mismo, de querer entregarse a los enemigos espirituales.

 Ahora podemos buscar a Dios, elegirlo, buscarlo, esforzarnos por encontrarlo, podemos orar, hablar, dirigirnos directamente a Él, tenemos que hacerlo si queremos salir del autoencierro, del propio abismo y del abismo generalizado de falta de amor a dios, si queremos volver a la vida.

 Dios no nos niega Su Palabra, no deja de Revelarla, no deja de Enviar a Su Hijo a Salvarnos, somos nosotros los que no queremos escucharlo, recibirlo, prestarle atención, los que deseamos hundirnos, encerrarnos, abismarnos y perdernos en nosotros, a merced de las propias tinieblas, de la misma mezquindad, de un mal deseo, de no querer amar.

 Considerar que no somos obras acabadas, estamos como en gestación, por ello necesitamos La Palabra Viva de Dios dada por Él mismo para ser acabados, consumados, perfeccionados, nadie se crea  así mismo, nadie puede perfeccionarse a sí mismo, necesitamos a Dios, debemos admitirlo, y debemos empezar a buscarlo.

 Si lo buscamos, también tenemos que recibirlo, aceptarlo, como Él Se Quiere Revelar, porque ahí lo recibimos verdaderamente y ahí lo tenemos, también es ahí donde Él nos tiene-sostiene y donde comienza la Vida, donde tenemos Vida Eterna, porque la Vida Eterna Es Él.

 Nos Ha Creado Dios con capacidad para Él, para poder recibirlo, para que en conjunto, comunión, acabemos la obra que somos nosotros, para que seamos fruto del amor a Dios y de Dios, como Jesús, hijo de Dios en el mundo, es fruto del amor a Dios de Maria Virgen y del Amor de Dios a Ella.

 Debemos aprender a amar a Dios, a recibirlo-aceptarlo, para que, entrando-viniendo-permaneciendo en nosotros, pueda surgir un nuevo fuego ardor, espíritu, el de hijos de Dios por esa comunión entre Él y nosotros, dando origen a una nueva Presencia Viva de Dios en y entre nosotros.

 No somos capaces de amar a Dios, por ello debemos recibir al Señor, ir recibiendo cada gota de Su Espíritu, cada Palabra Revelada y dejarlo Ser y Hacer a Él en nosotros, porque Viene-Vuelve El Señor para Vivir-Reinar, para hallarse vivo y Presente, para Amar por medio nuestro.

 Es por el amor que le damos a Dios al aceptarlo, al recibir Su Palabra que surge una Unión, y de esa Unión, surge un nuevo Espíritu, que es su Presencia Viva en nosotros, solo ahí somos verdaderamente hijos de Dios, no por lo que podaos construir, hacer, decir por nosotros o por cuenta propia que siempre se queda al margen, afuera, pues como tratamos a Dios somos tratados, y si no recibimos a Dios, si lo dejamos afuera, si no recibimos Su Palabra, los quedamos afuera de Su Creación Nueva somos nosotros.

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