jueves, 20 de junio de 2013

¿POR QUÉ NO SE LIBRA EL COMBATE ESPIRITUAL?



¿POR QUÉ NO SE LIBRA EL COMBATE ESPIRITUAL?

 Un alma no es destruida impunemente por el adversario por su solo capricho, satanás no tiene semejante poder, es destruida porque colabora en ello, porque lo quiere el alma misma, y porque hasta lo ejecuta.

 Puede el adversario querer hacernos padecer, destruirnos, aniquilarnos, por sí o por otros, pero, si queremos a Dios, lo buscamos, elegimos, renunciando a nosotros mismos, no solo lo derrotamos, sino que lo vencemos, y así no solo nos beneficiamos, sino que también beneficiamos a muchos porque colaboramos en la Victoria del Señor, Que Es Su Vuelta-Venida.

 Considerar que es un cerdo caprichoso, celoso de él mismo, desesperado por lograr ser adorado, no ha descansado, ni lo hará hasta concretar su capricho, es decir, nunca, de manera que no va a desistir de su intento de satisfacerse, por lo que nos va a buscar, perseguir, molestar, asediar, atormentar siempre.

 Tal capricho infernal solo puede ser defendido por Dios, y Dios solo lo hace si lo queremos, pedimos, si lo buscaos a Él, si renunciamos a la complicidad-esclavitud de satanás, o sea, si buscamos y colaboramos en Que Se Haga La Voluntad de Dios en nuestra vida y en el mundo.

 La defensa contra el adversario es la Venida-Vuelta del Señor, su Triunfo y Victoria, lo que consiste en que creamos en Él, que confiemos en Su Amor y en que perseveremos en el tiempo hasta el fin, pues como lo dijo El Señor mismo, “El Que Persevere Hasta El Fin, Se Salvará”.

 El Señor no Viene-Vuelve por casualidad, lo hace si lo buscamos, llamamos, si hay conversión, si renunciamos  a los enemigos espirituales por elegir a Dios, si renunciamos a nosotros mismos para elegir y colaborar en Que Se Haga La Voluntad de Dios.

 Tenemos que rechazar al enemigo siete veces para llegar a ser verdaderamente libres, para comenzar una vida nueva sobre la faz de la tierra, es decir, en comunión con Dios, con-Dios en el mundo sin-Dios.

 La primera victoria es contra satanás y sus demonios, la segunda es contra el mundo, lo suyo y los suyos, la tercera es contra la carne y los vicios, la cuarta sobre la muerte, la quinta es sobre la bestia que surge del mar, la secta contra la bestia de la tierra, y la séptima y última contra la estatua o imagen.

 Solos no podemos vencer, sino que acabamos perdiendo siete batallas y adorando a siete enemigos perteneciéndole así a satanás siete veces sobre la faz de la tierra lo que es consagrarse y pertenecerle para siempre.

 La vida común como esta orientada hoy en día, es para elegir al adversario, postrarse ante él y los suyos y adorarlo así siete veces, eligiendo en definitiva pertenecerle para siempre, fundiéndose totalmente con él, consagrándosele por entero.

 Las batallas se libran en la vida diaria, “Milicia es la vida del hombre sobre la faz de la tierra”, dijo El Santo de Job, y consisten en que el enemigo por él mismo o por los suyos, quieren imponernos mentiras, hacer que nos elijamos a nosotros mismos y reneguemos de Dios.

 Comprender acá la importancia de renunciar a sí mismo, pues los engaños de los enemigos son siempre tendientes a hacernos creer que nos elegimos a nosotros, cuando en realidad, directa o indirectamente los estamos eligiendo a ellos, adorándolos, entregándonos, permitiéndoles el acceso a nuestra vida, porque rechazamos a Dios.

 Diariamente debemos renunciar a nosotros, a la propia voluntad, para poder ser liberados, purificados, Salvados por El Señor, la Revelación de Dios, pero, si no buscamos al Señor, si le impedimos Que Se Revele, si seguimos encerrándonos en nosotros, encaprichándonos, estamos y estaremos perdidos, nos abismaremos irremediablemente en nuestra nada para perdernos en la eterna nada como hijos de la nada que es la muerte, la ausencia de Dios, e hijos de satanás, que es la rebelión contra Dios.

 Esas siete batallas se libran en múltiples combates diarios, son a lo largo de la vida y tiene duración diferente según las almas, pero el proceso es igual para todos.

 Si colaboramos con Dios, podemos ir obteniendo victorias sobre los enemigos espirituales diariamente, y luego, en la batalla decisiva, pudiendo así rechazar a cada uno de los enemigos, y pudiendo alcanzar la verdadera libertad de los hijos de Dios.

 La verdadera libertad de los hijos de Dios, no consiste en aprender y repetir una doctrina de dudosa procedencia, tal vez inspirada por satanás mismo que ha reescrito y reinterpretado las religiones, sino que consiste en amar a Dios, elegirlo verdaderamente, cosa que ocurre solo si aceptamos Su Voluntad.

 No aceptamos Su Voluntad si no colaboramos en Que Se Revele, si le impedimos Que la Revele, por ello es que ya comenzamos a obtener la victoria si elegimos a Dios y lo buscamos, aunque cueste encontrarlo.

 Cuesta encontrar a Dios porque debemos remar contra la corriente, es decir, vencernos y vencer a los enemigos, las tinieblas interiores y exteriores, pues aunque nos encontremos en la primera etapa, por ejemplo, también van a asediar, molestar, perturbar y concurrir a la batalla los enemigos de las otras seis etapas.

 Es al efecto didáctico y para tener un orden o idea general de lo que ocurre, son siete batallas y son particularmente contra los enemigos mencionados anteriormente, pero, en cada combate concurren también los otros, porque todo se interrelaciona, nada es aislado o estancado.

 Lo esencial, importante, es renunciar siempre a sí mismo, elegir a Dios, buscar Su Voluntad, querer Que Se Haga, Reine y Triunfe, perseverando en tal elección, decisión, porque así es como llegamos a tener una verdadera voluntad propia distinta de la infernal impuesta por herencia y por elección propia.

 Las siete batallas principales mencionadas, son etapas de un proceso de crecimiento espiritual, y también, al concluir cada una, al obtener la victoria sobre los enemigos espirituales, al ‘precluir’ cada una de las etapas procesales, somos Sellados por cada uno de los Siete Sagrados Dones del Espíritu Santo.

 Si no libramos los combates, somos dominados dócilmente por el adversario y hasta colaboramos con él en que nos haga esclavo, y es así como las nuevas generaciones ya nacen esclavas, pues no se sabe sobre Dios, no se sabe nada bueno, útil y verdadero, solo vanidades, nadie realiza el combate espiritual, y así, no hay verdadera libertad.

Nº de
batalla
Don del
Espíritu Santo
Enemigo a
vencer
1
Sabiduría
Demonio
2
Fortaleza
Carne
3
Consejo
Mundo
4
Entendimiento
Muerte
5
Santo Temor
de Dios
Bestia del
mar
6
Ciencia
Bestia de
tierra
7
Piedad
Estatua o
imagen

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